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“Las sílfides” en el Gran Teatro de La Habana

Posted in Ballet on 14 Junio 2012 by diablocojuelo

Una colaboración de Rogelio Castro
En tres funciones de fin de semana presentó el Ballet Nacional de Cuba, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, un programa concierto conformado por el ballet de estilo neorromántico “Las sílfides”, la pieza cubana “Electra Garrigó” (ballet basado en la obra homónimo de Virgilio Piñera) y el grand pas del ballet “Paquita”.
“Las sílfides” nos presentan la experiencia más idealizada de un poeta inspirado en estas ninfas del aire. En este ballet, poseen gran relevancia el estilo y los personajes, con especial particularidad en las caracterizaciones de estos, que dependen en gran mediad de las condiciones, la técnica y las ejecuciones de los bailarines. Pienso que esto sucede porque dentro de su concepto dramático no hay una línea de acción definida, más bien los propios personajes llegan a desencadenar, por lo que proyectan en escena, lo que pudiera ser un pequeño argumento, y no precisamente de acción.
Junto a la primera bailarina Viengsay Valdés, la primera noche marcó el debut del joven Víctor Estévez en el personaje del poeta. Su caracterización fue pobre, a causa precisamente de sus deficientes ejecuciones, explotando demasiado el ataque. A Víctor, quien ha mejorado un poco con papeles de solista en sus sucesivas presentaciones, no le es suficiente con su buen porte, necesita mejorar más la estabilidad en saltos y giros y la fortaleza en las piernas.
Como es costumbre en ella, Viengsay bailó con mucha precisión y seguridad. Con los brazos y las manos proyecta la imagen etérea que define su caracterización, pero no posee las condiciones ni la técnica necesarias que suponen la culminación estética en este ballet.
Las dos últimas funciones de Las sílfides estuvieron a cargo de la primera bailarina Anette Delgado, junto a los primeros solistas Yanier Gómez y Alfredo Ibáñez, respectivamente. En la tarde del domingo, a diferencia de la primera noche, Anette se mostró muy segura; esta vez sí brilló como ella nos tiene acostumbrados a todos, con sus bellos saltos, su delicado y contenido port de bras, su imagen única de sílfide. Su movimiento y su técnica, siempre tan expresivos, la encumbran en este ballet.
Yanier defendió loablemente su caracterización del poeta, junto a la bailarina Anette Delgado. Sin embargo, no está bien proporcionado, lo que afecta su imagen para este ballet en especial, junto con algunas imprecisiones en la ejecución esta vez, a pesar de ser un bailarín con condiciones muy bien ensayadas y una técnica muy limpia.
Pienso que el Alfredo debió trabajar más sobre el personaje del poeta, buscando una caracterización más acertada y un desempeño más coordinado, sobre todo en el trabajo de las piernas.
Tres jóvenes y bellas bailarina debutaron en el vals de Las sílfides: la solista Marizé Fumero y las primeras solistas Gretel Morejón y Estheysis Menéndez. Este vals es realmente complejo por la coordinación que exige en el trabajo con las piernas, los brazos y el torso. Es hasta desagradecido, por varias secuencias de ponches que deben ser ejecutados a un tempo de vals y que ponen a prueba el eje, equilibrio, y las condiciones de la bailarina. El movimiento de los brazos, las piernas y la cabeza demanda mucha coordinación de acuerdo a las distintas poses con el torso y las manos, lo que define su estilo.
En busca de precisión técnica en la ejecución, Marizé no logró la armonía con el estilo del vals, sobre todo porque descuidó un tanto el trabajo en los brazos y las manos.
Gretel siempre nos propone una inspirada caracterización, y su vals de “Las sílfides” no ha sido la excepción. Esta bella bailarina estuvo a poco de lograr una armonía casi perfecta entre su delicada ejecución y su agraciado estilo para el vals, y esto gracias a que lució sus brillantes piernas y al minucioso trabajo en el movimiento de los brazos, la cabeza y sobre todo las manos.
Estheysis fue realmente un primor. Si bien debió trabajar un poco más el estilo desde sus manos, logró una coordinación casi perfecta entre estilo y ejecución, dibujando despejados y agradables movimientos del torso, la cabeza, y sus bellos brazos y piernas, todo muy musical.
Si las primeras solistas Ivis Díaz y Aymara Vasallo no lucieron más en el preludio, fue culpa de la orquesta. El estilo y la caracterización de estas dos bailarinas constituyeron la salvación de sus respectivos momentos. Hasta las ponderadas cuerdas desafinaron, llegando a montarse unas con otras. Además, no fue hasta la última función que el preludio se tocó a un tempo más cadencioso.
El particular estilo en el preludio de Ivis Díaz lo definen hasta las poses más sencillas, que además se conjugan con la pasión que se descubre tras su tierna caracterización. Aymara siempre modela y acentúa los sutiles movimientos del preludio, y lograr transmitir su experiencia vívida con una intensidad brillante, especialmente desde su rostro.
En el cuerpo de baile hubo llamativos problemas de sincronización y sobretodo de simetría en los desplazamientos, al dividirse los grupos de sílfides. Sin embargo, el cuerpo de baile se destacó muchísimo por trabajo sobre el estilo y la caracterización: el esmerado trabajo de los brazos y la cabeza por parte de las muchachas y las expresiones tan sugerente en sus rostros.