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Sobre el Grand pas de “Paquita”

Posted in Ballet on 18 Junio 2012 by diablocojuelo

Una colaboración de Rogelio Castro
La tercera propuesta del programa que concierto del Ballet Nacional este fin de semana era el Grand pas del ballet Paquita. En anteriores presentaciones hemos podido disfrutar de este divertimento tan singular. El ballet Paquita fue estrenado en 1846, y parte de su música fue más tarde compuesta por Minkus por encargo de Petipá, quien coreografió el Pas de trois y el Grand pas con su estilo característico, convirtiéndose en los toques de bravura de la obra.
La primorosa pareja compuesta por los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernandez tuvo a su cargo los papeles solistas. Anette no estuvo muy musical, pero hizo gala de la fuerza que útilmente se apodera de sus papeles más virtuosos, sobre todo en las codas. Anette dibuja sus diagonales con bella precisión, luciendo sus bellas piernas y su ataque en los saltos. Sus fouettes son una suerte de rapidez técnica que enaltece su fino trabajo. Dani no lució tan fuerte como en otras ocasiones, pero igual se destacó por su técnica certera y sus limpias ejecuciones. Ambos bailan con mucha entrega, formando una gran pareja, que se destaca por una sencillez magnífica, y por un porte muy llamativo.
La segunda noche nos llegó la primera bailarina Viengsay Valdés junto al primer solista Arian Molina. Además de bailar con mucha seguridad y rigor, la soltura y el aire españoles en Viengsay se engrandecen con una sonrisa única, llena de toda superioridad. En su variación encontró algún contratiempo con las puntas y con el estilo de los brazos, y en la coda hizo gala de su fuerza y poderío para la ejecución fouettes, que en esta ocasión se definieron más desde la pierna de acción. El bailarín Arian Molina se mostró inseguro como partenaire en algunas ocasiones; no está acostumbrado a bailar con ella y velaba mucho por su seguridad. En sus solos demostró que tiene todas las condiciones de una primera figura, poderoso salto, línea de piernas muy bien definida, brillantes brazos, pero una caída mal encentrada le hizo perder el eje.
La tercera noche, después de bailar el personaje de Electra, la primera bailarina Yanela Piñera engrandeció la velada en este divertimento. Esa es la Yanela que queremos ver, segura, musical, fuerte. Desde su entrée mostró un dominio de su capacidad de giro y ataque. Su adagio, junto al joven Víctor Estévez, fue ejecutado con una belleza inmensurable. En sus respectivas variaciones ambos mostraron mucha seguridad y a la hora de atacar y lograr la bravura. En la coda, los giros de Yanela se destacan por un fouette único en su clase: a la second en la pierna de acción, y el mágico en dehors en la de apoyo, un eje impecable, fuerza y velocidad determinantes, y cierres con varios pirouettes en dehors. Una vez más Yanela se ha ganado al público que agradece en ella momentos de tanto crecimiento artístico.
Entre las variaciones del divertimento se destacaron la primera solista Grétel Morejón, una jovencita de piernas débiles, pero de un carisma y seguridad irrefrenables. Grétel siempre resume en cada expresión de su rostro toda la delicadeza y musicalidad de su movimiento. Su variación siempre la hizo brillar por su carisma, pero en su segunda noche la supo defender con mayor fuerza en los giros: simplemente linda; Estheysis Menéndez, muy segura, con un bello y acertado ataque en los cierres, y un trabajo de brazos y manos exquisito; y Verónica Corveas, quien mostró su habilidad sobre las puntas, en los giros y para el estilo y la caracterización en una variación bellísima, y que resumió su poder interpretativo con engalanada soberbia en una reverencia de primera bailarina.
El trabajo del cuerpo de baile presentó algunos problemas de sincronización, sobre todo en los giros a dúo, pero se caracterizó por el fino trabajo sobre el estilo y la musicalidad.