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La religión… ¿una excusa para pensar en sí mismo?*

Por Alder Soto

¨Nader y Simin, historia de una separación¨ es una de esas fabulaciones cinematográficas que se disfrutan a plenitud sin tener necesidad de ir a buscar placer a ninguna otra parte. Nada como verla en una sala de cine, por supuesto; pero quien no haya tenido esa dicha, debería al menos deleitarse (con el filme) sentado frente a una pantalla de TV o frente a su PC.
Y es que sencillamente este filme del realizador iraní Asghar Farhadi deja un sabor dulce y amargo, una tristeza y una alegría, que únicamente con palabras sería imposible detallarlos. Con razón, salió airosa la producción en la premiación de los Oscar llevándose el galardón a la mejor cinta extranjera. No sólo por sus increíbles valores morales, ni por su exposición cruda y nada romántica de la sociedad iraní, sino también por la factura artística, por la composición plástica y casi palpable de sus imágenes, por el poder de seducción sin siquiera recurrir a artificios de poca monta, por una historia pensada y narrada casi con increíble precisión de poeta; a todo esto súmesele entonces actuación, dirección de arte, banda sonora y cuanta otra definición técnica y artística se le pueda ocurrir.
El mundo en el que se desenvuelven Nader y Simin (esposo y esposa respectivamente), su hija y demás personajes, es la cotidianeidad de cualquier ser humano común; claro, salvando las diferencias culturales y las exigencias sociales. Sin embargo, más allá de estas distancias, descubrimos que tanto en Irán como en cualquier otro país del mundo, los sentimientos siempre son los mismos.
Este es un filme donde lo bueno y lo malo se fusionan para acabar siendo simplemente meras categorías. Aquellos, que supuestamente son fieles religiosos (me refiero a la señora embarazada) y respetan al pie de la letra las prédicas de la religión, terminan convirtiéndose en víctimas de su propio miedo y se escudan tras la pantalla del qué dirán en la sociedad.
Por otro lado, tendremos entonces a los que aparentemente intentan revertir lo establecido y en una lucha casi creíble juegan a ser hombres o por qué no, mujeres ¨ modernos¨ (es el caso de Nader y Simin). En la secuencia inicial ambos están en un juzgado. Simin quiere divorciarse porque su marido no quiere acompañarla al extranjero. Como ambos tienen una hija, surge entonces el problema de la custodia: ¿quién la asumirá? Será entonces este el detonante que desencadenará un sinnúmero de situaciones, que llevará más de una vez a reflexionar sobre el papel del patriarcado, la religión y la fuerte tradición que impera en los países musulmanes.
Más allá de una clasificación casi imposible de esta sociedad (y de cualquier otra; no se olvide la increíble universalidad de este filme), nos preguntamos entonces si es la religión al final una excusa más del hombre para pensar en sí mismos. Como quiera que sea, aparece el personaje de la niña como el elemento cuestionador en potencia. Ella al final es quien sufre todas las contradicciones y el constante velo entre apariencia y realidad. Es obligada a mentir cuando a la vez se le exige que sea sincera; es obligada a decidir, cuando realmente no comprende muchas de las cosas que suceden a su alrededor. Claramente esta es una alerta, que como dije anteriormente, sin ánimos de moralizar logra transmitir al espectador el superobjetivo del filme; si bien no es menos cierto, que a la vez la película se convierte en una obra altamente polémica, donde los puntos de vista y la apreciación de cada uno es fundamental para comprenderla.
A pesar de sus dos horas (bien distribuidas por cierto), ¨ Nader y Simin, historia de una separación¨, tiene la virtud de ser un filme para ser disfrutado plenamente. No importa el lugar, simplemente su disfrute es ya más que suficiente.

*El título proviene de una frase del filósofo alemán Nietzsche: ¨ El hombre religioso sólo piensa en sí mismo¨.

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