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Madama Butterfly estuvo en el Gran Teatro

Por Ernesto San Juan
La famosa ópera “Madama Butterfly” subió a la escena del Gran Teatro el pasado fin de semana, yo asistí a la representación del 22 de Julio. En esta ocasión llegó en una producción del Teatro Lírico Nacional de Cuba reducida a II actos. Con esta obra Puccini inició su primera incursión en mundos más exóticos para la ópera como era el Lejano Oriente y que seguiría más tarde con “Turandot”. La ópera, como la mayoría compuesta por Puccini, no tiene una base literaria tan específica como pueden serlo las de Verdi por lo que no se puede precisar en qué libro se basa “Madama Butterfly”.
Su estreno en la Scala de Milán fue un maravilloso fiasco que provocó ciertas modificaciones en la ópera. Entre ellas la composición de esa genial aria de Pinkerton “Addio,fiorito asil”, o el corte en el segundo acto para dividirlo y dar lugar a un tercer acto, aparte de modificaciones de menor grado. Así, lo que fue un boicot de determinados aficionados hacia la ópera, que provocó un total desbarajuste en la puesta de estreno, permitió “crecer” a la ópera hasta alcanzar su sitio de verdad dentro del repertorio operístico. El posterior reestreno de la obra se realizó, tres meses después, en Brescia con el éxito que le acompaña en la actualidad.
Nuestro Lírico Nacional brilló, esta vez, por la calidad de los intérpretes, no así en la pobre escenografía, el deslucido vestuario, la utilería de risa. Pienso que si tenemos lo más importante, que son los excelentes cantantes, pero no tenemos dinero para hacer una puesta decente, pues es preferible hacer un recital o conciertos que, estoy seguro, cumplirían mejor su cometido de llevar el bel canto a la juventud y a la mayor cantidad de público posible. Se salvó, de esta debacle técnica, las luces que, verdaderamente, ayudaron a crear una visualidad más agradable y a tapar las deficiencias ya mencionadas.
En el rol de Pinkerton estuvo muy bien entregado, con una voz suave y limpia, el joven tenor Brian López. Su presencia escénica ayudó en mucho a que llegara al auditorio su historia y sus complicaciones. Su proyección vocal estuvo muy bien y muy fresca, sentida cuando era necesario, alegre cuando lo es y grave en su momento de mayor clímax.
Por su parte para encarnar a la Butterfly se eligió a la soprano Katia Selva quien regaló una tarde inolvidable con ese registro vocal sorprendente, ese dominio del rol, su pasión, su delicadeza y proyección que le valieron más de una ovación merecida.
En el Acto I, en un aparte, Butterfly y Pinkerton empiezan a conversar alejados del “mundanal” ruido en lo que es un preludio de lo que será uno de los mejores dúos de ópera de la historia y que alcanza su momento estelar en esa pequeña aria “Ieri son salita…Io seguo il mio camino”. El dúo que continúa a esta escena es, quizás, el mejor dúo de amor compuesto por Puccini (aunque tales afirmaciones son subjetivas) pero estoy seguro que si un cantante se inicia en la ópera con este dúo le “marcará”. Ambos intérpretes se lucieron en una secuencia admirable, digna de ser disfrutada una y otra vez.
Analizando sus ejecuciones por separado, puedo destacar que Brian se lució en su despedida en el II acto con la célebre aria “Addio,fiorito asil”, de gran intensidad y en el que su desesperación es total. Katia se muestra soberbia en la última aria de Butterfly (Tu!,Tu!), muy emotiva en la que se despide de su niño, le pide que se vaya a jugar y, en el momento en que el niño se adentra, se suicida.
Amigos, problemas graves de producción a un lado, creo que los que tuvimos la suerte de estar en el Gran Teatro este domingo, agradecimos haber estado allí tan solo por escuchar las hermosas composiciones de Puccini, las voces de tan buenos cantantes que tenemos, y valorar que (pese a todo) sigan apostando por subir a las tablas los clásicos de este arte eterno.
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