Cuba Cultural

Arte y Cultura en Cuba

Irremediablemente juntos

Por Alder Soto
¿Cine musical! Vaya sorpresa en estos tiempos en que la cinematografía cubana ensaya el post vanguardismo de forma muy provocadora con su penúltima producción ¨La piscina¨. Sin embargo, a nadie coge de sorpresa los constantes giros de la cinematografía  nacional: ya estamos lo suficientemente acostumbrados a la constante experimentación creativa por la difusa línea entre los géneros. No obstante, la última película, ¨Irremediablemente juntos¨, encaja lo bastante justo dentro del musical. El filme lo tiene casi todo: música, baile (por supuesto), suspense, comedia, un poco de acción y la inevitable dosis de crítica social; un poco más y casi obtenemos de esta simbiosis una película de culto asegurado. Pero, no. Si bien es cierto que la cinta cumple superficialmente con los requisitos del género, también es indudable que carece en su composición de una fuerte estructura narrativa, de una lograda composición musical y de una acertada dirección de actores.
Basada en su homónimo teatral ¨Pogolotti- Miramar¨ de Alexis Vázquez, la cinta ¨Irremediablemente juntos¨ de Jorge Luis Sánchez recrea las aspiraciones de dos jóvenes universitarios que ¨intentan¨ imponerse sobre las diferencias sociales y los prejuicios clasistas que aún persisten en la Cuba contemporánea. Decir que intentan, es más bien una manera de ver el asunto, porque realmente en la mayor parte del filme ambos juegan a sentirse inconformes con la infelicidad y el vacío espiritual que supuestamente experimentan. La historia intenta justificar, aunque con muy poco éxito, la presión externa de familiares y personas cercanas a estos jóvenes. Puesto que a cada momento la oposición es tan débil como inconsistente…al final de cada situación, los protagonistas terminan imponiéndose y haciendo evidente desprecio de las ideas de los demás.  

 No obstante, lo que llama mucho más la atención es la constante suma de casualidades que hacen progresar la acción de forma abrupta y de una manera muy poco creíble. Resultan casuales y forzadas las relaciones de Alexander y Lizi (los protagonistas) antes de conocerse. Él se acuesta con una mujer negra  exitosa (lo de negra no es un comentario para nada racista, puesto que en la película se empeñan constantemente en acentuarlo), que a la larga está por mucho fuera de la esfera social de Alexander; no hay amor implícito, sólo conveniencias y oportunismo para nada disimulado. Lo mismo ocurre con Lizi, pero en ella resulta aún más forzado: está simplemente con Richard (el abogado), porque quiere, porque le conviene…y aún así, intenta convencernos de que necesita más. Sólo nos queda creer que la chica – tan inteligente ella – podría sentir un  poco de placer masoquista, o simplemente se divierte con ese tipo de vida. Y no es que ella tenga que ser una santurrona insufrible; pero tampoco es que tenga como divisa el refrán que dice: ¨Haz lo que yo digo y no lo que yo haga.
Por la misma línea de las casualidades transitan las acciones de muchos otros personajes: el padre de Lizi con la que fue la amante de Alexander; la desición de la madre de Lizi  de irse al final con el vendedor de plátanos; la incipiente relación que se dibuja entre la tía de Alexander con el babalao; y el repentino amor entre el joven abogado, antes novio de Lizi, con la prostituta. Sería muy complicado discernir  si todas estas eventualidades son íntegramente deficiencias de la dramaturgia o también contribuyen a ello el poco cuidado en la dirección de actores.
Son muy pocas las escenas en este filme donde no se descubra a uno u otro actor recitando parlamentos y permitiéndose pausas donde se necesita más dinamismo, más organicidad y más concentración en los gestos. En la escena donde Lizi conversa (y canta) con su profesor de Historia en la escalinata de la universidad, llegué a pensar que el profesor estaba enamorado de ella; igualmente en la escena donde el profesor de Alexander lo expulsa del equipo, por un momento creí que sus compañeros iban a manifestarse en contra de esta desición. Sin embargo, nada sucedió: sólo un simple gesto mal calculado: la cinta es bastante prolífica en ellos.
Salvedades, me atrevería a nombrar sólo dos: las exquisitas actuaciones de Fela Jar y Blanca Rosa Blanco (abuela y madre de Lizi, respectivamente); y las secuencias en el Gran Teatro, donde Annete Delgado y Dani Hernández interpretan Giselle. Es de destacar que estas secuencias, pertenecientes a otra manifestación artística, logren atrapar mucho más al espectador (y aquí aparecen también Fela y Blanca, pero en el público), que las coreografías del filme propiamente dichas. La parte musical más que las composiciones, evidencia una preparación y un rigor vocal bastante apresurados…y se deja ver.
Indudablemente, para Jorge Luis Sánchez - quien ya intentara con ¨El Benny¨ dar en el blanco dentro del cine musical -  fue esta una producción que superó enormemente sus fuerzas.  El género, tal vez le exigió más de lo que el realizador pudo ofrecer y quedó ahí, por mucho, en la interminable lista de los que casi pudieron ser, pero no fueron. 

  

 

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