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Archive for Febrero 20th, 2013

Sobre “Carmen”, José Manuel Carreño y el Ballet Español de Cuba en el Mella

Posted in Ballet on 20 Febrero 2013 by diablocojuelo

Por Alder Soto Olivero (como cierre de la Gira)

 Enero, 2013. Días 26 y 27. Expectación. Mucha expectación en La Habana desde que se supo la noticia acerca de la presentación del Ballet Español de Cuba (BEC) junto a su invitado, el Primer Bailarín José Manuel Carreño en el capitalino teatro Mella.  Tal vez, seducido por el ritmo casi enigmático del flamenco y los bailes españoles, Carreño decide una vez más unirse a la tropa liderada por el Primer Bailarín, Coreógrafo y Director del BEC Eduardo Veitía para interpretar una vez más al Don José de Carmen.

 Si bien es cierto que la oportunidad  de volver a disfrutar de esta figura en nuestros escenarios (amén de su actuación en el recientemente concluido 23 Festival Internacional de Ballet de La Habana) era única, también es indiscutible que seducía la idea de deleitarse con sus incursiones en la danza española. Y, ¿que más dicha que tenerlo precisamente junto al máximo exponente del género en la Isla? Una vez más, Carreño, Graciela Santana (Primera Bailarina del BEC) y toda la Compañía hicieron historia.

 Pieza ya habitual en el repertorio de la Agrupación, el ballet Carmen, recrea una de las obras más significativas y ampliamente llevada a casi todas las artes en general. Primero fue la palabra, la célebre novela del célebre escritor francés Prosper Merimée; después se hizo la música, ópera, composición lírica del creador Georges Bizet. La cuenta empezó a perderse cuando las demás manifestaciones artísticas quisieron representar la desenfrenada pasión y la libertad sin condicionamientos a la que arrastraba Carmen. La tragedia ha devenido símbolo  de una filosofía del amor algo pesimista y condenado al sufrimiento incluso antes de nacer. Seducido entonces, quizás por la expresión genuina del humanismo en la trama, ora por las infinitas posibilidades coreográficas de la pieza musical, Eduardo Veitía monta para el Ballet Español su propia versión del clásico.

 A diferencia del ballet creado por Alberto Alonso, el maestro Veitía utiliza para su pieza la música original de Bizet y la versión al flamenco de Pablo de Sarazate. La coreografía  presenta en su conjunto una visualidad y un efecto sumamente impresionantes, ya que la acción se va concatenando junto a la danza de manera natural y comprensible. Sólo algunas pequeñas escenas (por ejemplo, el primer encuentro de Carmen con José en el I Acto), no se explica por sí solo con mucha facilidad. La comprensibilidad se ve afectada, aunque inmediatamente, el espectador vuelve a agarrar el hilo de la acción.

  Carmen  rejuega con una coreografía principalmente puesta en función de la música y la danza; sin embargo, tampoco hace a un lado su carácter teatral, dándole a esta creación de Veitía un toque totalmente diferente a la ya conocida obra homónima creada por Alberto Alonso.

 Dicen, y no se equivocaron quienes lo afirmaron, que fue Alicia Alonso quien hizo suya la Carmen del ballet clásico. Hoy en día, todavía no hay bailarina que supere la nostalgia de la interpretación de la Alonso, y quedan entonces como leyendas que sobreviven a través de los tiempos los gestos, las poses y sobre todo, las facciones de la Carmen encarnados en la Alonso.  

 De igual manera, la Carmen flamenca del Ballet Español, materializada en la primera bailarina Graciela Santana, marca un hito en la historia de esta mujer fatal, de leyenda. Graciela acude sin reservas a toda su preparación, a su brillante técnica y principalmente a su gracia interpretativa para apoderarse del personaje. La bailarina parece vivir las pasiones impetuosas de Carmen, su juego peligroso de seducción y amor incontrolable, su capacidad de arrastrar a otros e incluso a ella misma hacia su propia desgracia. Graciela – o Carmen a estas alturas – transpira energía, arrasa, vive, no cede. A la vez, impacta el lirismo de su gestualidad, su teatralidad, su entrega total. Esta, definitivamente, es una artista que ha traspasado la cima para tocar las estrellas, lo digo sin reservas y que me perdonen los reticentes.

 José Manuel Carreño salva los límites del ballet clásico y se enfrenta por vez primera a los rigores del flamenco. Su empeño lo lleva a interpretar un Don José que sucumbe ante los encantos de la gitanilla fatal. Carreño tiene a su favor un dominio absoluto de la técnica clásica, lo que le permite imprimirle a su personaje un sello muy personal. No obstante, más allá de la técnica clásica le fue imprescindible adentrarse en los misterios del flamenco. Artífice de caracteres disímiles a lo largo de su trayectoria, asumió el reto y agregó un nuevo triunfo a su carrera. Para muchos, tal vez la voluntad hubiera cedido ante las dificultades, pero creo que por sus presentaciones, quedaron demostradas la ductilidad y fuerza en el escenario de este Primer Bailarín.

 Para no cometer injusticias innecesarias es preciso también destacar la versatilidad de Sophia Hernández y  Susanne Riquene, ambas en la interpretación del Toro; aunque se debe subrayar, que cada una tiene su manera muy peculiar de desempeñar tal personaje, dándole así dos matices diferentes, pero a la vez igualmente válidos. Un Ricardo Quintana muy centrado mostró la elegancia y la gracia con la que se reviste el torero Escamillo a lo largo de toda la obra. Yasnay Marín desdobla una Doña Frasquita retadora, altiva, sin miedo real por Carmen; la Frasquita de Susanne, sin embargo, transmite ese miedo, ese resentimiento, una enemistad que la hace enfrentarse a la protagonista para intentar mantener un status.  Finalmente, amerita distinguir las actuaciones de los demás bailarines en general. Cada uno, e igualmente en su conjunto, lograron hilvanar cada paso con precisión de verdaderos artistas, mostrando que se crecen, a la vez que hacen crecer el prestigio de la Compañía.

 La reciente presentación del BEC  no recogió aplausos fáciles, sino los aplausos de un público delirante y extasiado con la expresión de una arte sublime. Consta para mí, que pude ver más de unos ojos llorosos y exclamaciones de verdadero agradecimiento, lo que  el talento y la virtud pueden lograr cuando se hacen con el corazón. Y así, se toca entonces el corazón de aquellos que cuando acaba la función exclaman a viva voz: ¡Bravo!

“Carmen” con el Ballet Español de Cuba y José Manuel Carreño en Holguín.

Posted in Ballet on 20 Febrero 2013 by diablocojuelo

Por Ernesto San Juan (enviado especial)

Escrito el 13 de Enero de 2013 como inicio de la Gira

Un abarrotado Teatro Eddy Suñol ovacionó la primera de las presentaciones previstas, para esta Gira Nacional, del Ballet Español de Cuba (BEC) con su peculiar mirada de “Carmen”. Se unió en escena una mezcla explosiva de ARTE, sin calificativos posibles, dado su alto grado de perfección. Apreciamos una coreografía (de Eduardo Veitía) bien pensada, dramatúrgicamente inteligente, que se apropia de una brillante composición musical de Josué Tacoronte, realzados con una ejecución pasmosamente histórica de dos bailarines desbordantes de danza, alma, entrega y pasión: Graciela Santana (como Carmen) y José Manuel Carreño (como Don José).

La creación de Veitía me colma de gozo por su diferente trabajo argumental y su cuidado en la coreografía, no solo en los protagónicos (con sus arduos pas de deux y variaciones), sino también en el resto de los personajes, todos con fuerza, identidad y dificultad. Aquí hay un desfile de variaciones, danzas de grupo, solos y adagios con una terminación admirable. Apreciable en la entrada de Micaela, la Soleá del toro y el torero, y el destaque de Frasquita. La “Carmen” de Veitía (en II actos) es diferente, me agrada ver otra lectura, otra visión de la clásica historia de la cigarrera. Esta versión requiere de bailarines que actúen, que bailen, que expresen y hasta que canten. El también Director General del BEC supo hilvanar un conjunto de danzas estrechamente vinculadas a las escenas, a la historia de “Carmen” como él le apetece contar, marcando su sello, con una dosis (además) muy fuerte de suspense (a pesar de que todos conocemos el final).

Pero vayamos a la gran noche holquinera del 12 de Enero. Desde muy temprano el portal del teatro empezó a agitarse con un público ávido y elegante. Al abrir las puertas puedo asegurarles que esta ciudad centró su atención en lo que allí sucedería unos minutos después. La sala resultó pequeña ante tanta afluencia, muchos no pudieron entrar, otros aceptaron verlo de pie, sentados en los pasillos, la agitación en la sala era intensa y cuando sonó la imponente música de la obertura de inmediato reinó el silencio. El disciplinado y culto auditorio se aprestó a disfrutar la puesta, acción que me ayudó a calmar la ansiedad.

Ricardo Quintana salió a “comerse” el escenario con su torero y lo logró. Atrapó el personaje desde el principio y comprendió que no solo debe cumplir la coreografía, tiene que sentirse un torero de verdad, vivirlo, para que entonces fluya la danza y el mensaje que quiere que el público reciba. Interactuó brillantemente, tanto con Carmen como con el toro, se mostró centrado y triunfó.  Más aún cuando lo vi gozando de Carmen, evidenciando como lo somete a sus deseos, perfeccionando así (dramatúrgicamente) a Escamillo, vital en la trama.

Sophia Hernández, como el toro, volvió a engatusarme y a dejarme claro que ella es una bailarina con técnica y respeto por lo que hace, preparada, con condiciones. Ese toro agresivo y artístico, con vida, lejos de caricaturas, realzó, con mucho, el espectáculo. Cabe señalar que contribuyó a que la Soleá del toro y el torero fuera uno de los momentos más logrados y muy aplaudidos de la noche.

Y llegó Carmen en la piel de Graciela Santana. Verdaderamente sublime. Salió a escena y ya no era Graciela, era Carmen. Su habitual expresividad, su señorío sobre la escena volvió a vivirse esta noche. Regaló una ejecución cuasi perfecta, su fraseo, sus port de bras, las terminaciones de los pasos, sus giros, ese control del cuerpo y de sus posibilidades técnicas fue admirable. A los que (como yo) , le hemos seguido estos años, vemos sus avances en el dominio del ballet clásico lo que le está permitiendo hacer unos hermosos balances y arabesques. En los adagios, con su compañero, se dejó llevar, guiar,  pero siempre controlando, dejando claro que no era imposición, sino su deseo. En el plano dramático sentimos su fuerte apetito y pasión por José, gozamos la seducción tan sensual a la que lo sometió y cómo trabajó su romance con Escamillo. Fue pícara, alegre, segura de su belleza y atractivo. Desafiante, no solo con los hombres y mujeres, sino hasta con la muerte. Murió naciendo como estrella, porque al morir Carmen de manos de José sentí la terrible emoción (e inquietud) de no saber cómo relatarles ese excelso instante.

Tarea alto difícil la mía ahora al tener que referirles mis impresiones del baile de José Manuel Carreño sobre el escenario del Suñol, con “Carmen”, el BEC, y con Graciela Santana. De este Primer Bailarín se ha escrito mucho, en todo el mundo, los más importantes críticos y periodistas del globo han reseñado sus magníficas interpretaciones. En esta ocasión no fue menos, José Manuel se mostró seguro, confiado, derrochando su innato clasicismo, pero llevándolo al flamenco. Su presencia escénica es tremendamente impactante, le he visto muchas veces, en el teatro o en grabaciones y siempre experimento una rara sensación de éxtasis y me embriaga una fuerte conmoción  por el pulcro acabado que le otorga a sus apariciones escénicas. El Don José le viene muy bien, y él lo disfruta plenamente. Al público llegan todas sus sensaciones: la pasión y el deseo por Carmen, su confusión entre ese sentimiento y su deber,  sus celos cuando ella dirige su amor al torero Escamillo, que le llevan a asesinarla, y mas tarde su desesperación ante la pérdida de Carmen, muerta a sus pies. No hubo un gesto, un paso, un movimiento de Carreño que no estuviese vinculado al personaje. Mezcló con esa sabiduría,  que le han dado los años sobre las tablas, su perfecta técnica con el dramatismo y la psicología del Don José. Su Soleá tiene, como principal atractivo y destaque, la exquisita unión que hace de danza flamenca y ballet clásico. Además es un instante de demostración de que, aun siendo el referente para los Danceur Nobles, puede bailar flamenco. Otro detalle a mencionar es su admirable trabajo en los adagios, su caballerosidad, el cuidado al manejar a su compañera y la sincronía entre ambos, hasta en las miradas.

Doy gracias a la vida por haberme permitido estar acá, poder compartir estas presentaciones del Ballet “Carmen”, con José Manuel Carreño (que amablemente ha hecho un espacio en su agenda para las mismas), con el BEC y sus bailarines, técnicos, y con Eduardo Veitía, que me ha demostrado cómo la perseverancia, el amor por lo que se hace, el respeto al público y a uno mismo, el cuidado en los detalles antes de subir a escena o dar un paso, ha sido crucial para esta Compañía.

Bailó Ballet Nacional de Cuba en el Teatro Nacional por dos semanas

Posted in Ballet on 20 Febrero 2013 by diablocojuelo

Por Ernesto San Juan. 19 de Febrero de 2013.Con un programa concierto inició sus presentaciones, el Ballet Nacional de Cuba, en su nueva sede temporal del Teatro Nacional. Por dos semanas se pudo disfrutar de títulos de la tradición clásica, de reciente estreno o retomadas después de muchos años sin subir a escena. El pasado domingo 17 de Febrero la semivacía Sala Avellaneda acogía la última de las funciones de la presente temporada. Para abrir telón eligieron uno de los tres ballets creados por Nijinsky: “La siesta de un fauno”. Obra que utiliza la composición musical homónima de Claude Debussy y que fuera estrenado en 1912. La creación de Nijinsky está llena de elementos revolucionarios, alejándose de los fluidos tradicionales del ballet académico. Los pasos con movimientos angulares radicales, combinados con matices cargadamente sexuales,  causaron un escándalo en el Théâtre des Champs-Elysées, sobre todo cuando se “masturbó” con el pañuelo de las ninfas. La Compañía cubana confió en Alejandro Silva el rol titular, el cual defendió admirablemente a pesar de su juventud. Su Fauno es muy atrayente, sincero, sensual y mesurado. Los diseños (escénico, vestuario y luces) acordes con el espíritu que le insufló su creador original León Bakst, dando un resultado favorable. El pas de deux “Double Bounce”, con coreografía de Peter Quanz y música de David Lang, trajo a una Viengsay Valdés más identificada con este tipo de coreografía innovadora (aunque sobre la base clásica), aunque no pudo evitar derrochar sus habituales lucimientos de seguridad técnica. Dani Hernández (a su lado), estuvo jovial y ligero, bailando limpiamente y sin esfuerzos. Ambos dieron paso a “Interludio en el limbo”, una deliciosa obra de Carlos I Santos que utiliza música de Mozart, recreada ésta con fuertes timbres de modernidad. Tres parejas danzaron la partitura en un rejuego con telones, luces y emociones muy dinámica y con una presencia notoria del estilo coreográfico norteamericano. Esperemos que no desaparezca de las programaciones futuras. Cerró la I parte del programa un explosivo “Diana y Acteón” (Agripina Vaganova/Riccardo Drigo). Pas de deux muy gustado por el público, utilizado en Concursos y Galas por su elevado virtuosismo y arrojo, levantó la temperatura (de por si muy fría) de la sala. En esta oportunidad Anette Delgado hilvanó una ejecución fabulosa, controlada, valiente y brillante. Sus fouettés, lanzando flechas a la par, fueron un cierre  enérgico para su interpretación. José Lozada volvió a destacarse con sus saltos impresionantes y sus giros perfectos, en el adagio fue solícito y correcto. Así como en la coda donde colaboró, en mucho, al lucimiento de Delgado.

Luego de un breve intermedio, en el cual reflexioné sobre la pérdida de público que están sufriendo los espectáculos de ópera, ballet y ballet español, al mudarse del Gran Teatro a este, disfruté plenamente de un título que hacía años no veía: “Flora”. Y aunque el elenco era muy joven e inexperto, me hizo muy feliz volver a encontrarme con esta joyita de Gustavo Herrera, plena de cubanía, plasticidad, colores, y belleza. La unión entre ballet, música (de Sergio Vitier) y la plástica, es admirable y el público agradece el acercamiento a creaciones como esta, fieles exponentes de una época dorada en la coreografía cubana. La obra recrea la atmosfera presente en las “Floras” de Portocarrero e intenta ser, como los óleos, símbolo de lo femenino cubano y, en general, de lo femenino universal. Aunque el nivel interpretativo estuvo bastante parejo tengo que destacar la majestuosidad e impecable elegancia en el baile de Gabriela Lugo como la Flor Violeta. Culminó la tarde con “Impromptu Lecuona”, una recreación (sin argumento) de pasos sobre las versiones orquestales de las obras “La comparsa” y “Malagueña” del Maestro Ernesto Lecuona. Alicia Alonso creó una obra grupal nada complicada, de fácil apreciación y con una visualidad atrayente. La Sala Avellaneda, del Teatro Nacional de Cuba, acoge la programación que habitualmente correspondería al Gran Teatro de La Habana. Esta mudanza tiene puntos a favor y en contra. Se ha ganado en calidad técnica (luces, tramoya, amplio escenario) también en comodidad de la sala y mayor cantidad de lunetas. Pero se pierde en otras como la inaccesibilidad del Teatro, no hay buenas combinaciones de guaguas, y hay municipios desde los cuales es prácticamente imposible asistir, por lo que habrá que hacer un esfuerzo mayor en la promoción y programación.  Quisiera también agregar que el jueves 14 estuve por el Gran Teatro  con un amigo y al preguntarle a la taquillera nos informó que se habían agotado las entradas, de allí fuimos al Teatro Nacional y, sin cola, había entradas para los tres días e incluso en Platea. Hay que tener mucho cuidado con estos detalles para que el público no pierda la posibilidad de seguir apreciando lo mejor de nuestro arte escénico.