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Arte y Cultura en Cuba

Bailó Ballet Nacional de Cuba en el Teatro Nacional por dos semanas

Por Ernesto San Juan. 19 de Febrero de 2013.Con un programa concierto inició sus presentaciones, el Ballet Nacional de Cuba, en su nueva sede temporal del Teatro Nacional. Por dos semanas se pudo disfrutar de títulos de la tradición clásica, de reciente estreno o retomadas después de muchos años sin subir a escena. El pasado domingo 17 de Febrero la semivacía Sala Avellaneda acogía la última de las funciones de la presente temporada. Para abrir telón eligieron uno de los tres ballets creados por Nijinsky: “La siesta de un fauno”. Obra que utiliza la composición musical homónima de Claude Debussy y que fuera estrenado en 1912. La creación de Nijinsky está llena de elementos revolucionarios, alejándose de los fluidos tradicionales del ballet académico. Los pasos con movimientos angulares radicales, combinados con matices cargadamente sexuales,  causaron un escándalo en el Théâtre des Champs-Elysées, sobre todo cuando se “masturbó” con el pañuelo de las ninfas. La Compañía cubana confió en Alejandro Silva el rol titular, el cual defendió admirablemente a pesar de su juventud. Su Fauno es muy atrayente, sincero, sensual y mesurado. Los diseños (escénico, vestuario y luces) acordes con el espíritu que le insufló su creador original León Bakst, dando un resultado favorable. El pas de deux “Double Bounce”, con coreografía de Peter Quanz y música de David Lang, trajo a una Viengsay Valdés más identificada con este tipo de coreografía innovadora (aunque sobre la base clásica), aunque no pudo evitar derrochar sus habituales lucimientos de seguridad técnica. Dani Hernández (a su lado), estuvo jovial y ligero, bailando limpiamente y sin esfuerzos. Ambos dieron paso a “Interludio en el limbo”, una deliciosa obra de Carlos I Santos que utiliza música de Mozart, recreada ésta con fuertes timbres de modernidad. Tres parejas danzaron la partitura en un rejuego con telones, luces y emociones muy dinámica y con una presencia notoria del estilo coreográfico norteamericano. Esperemos que no desaparezca de las programaciones futuras. Cerró la I parte del programa un explosivo “Diana y Acteón” (Agripina Vaganova/Riccardo Drigo). Pas de deux muy gustado por el público, utilizado en Concursos y Galas por su elevado virtuosismo y arrojo, levantó la temperatura (de por si muy fría) de la sala. En esta oportunidad Anette Delgado hilvanó una ejecución fabulosa, controlada, valiente y brillante. Sus fouettés, lanzando flechas a la par, fueron un cierre  enérgico para su interpretación. José Lozada volvió a destacarse con sus saltos impresionantes y sus giros perfectos, en el adagio fue solícito y correcto. Así como en la coda donde colaboró, en mucho, al lucimiento de Delgado.

Luego de un breve intermedio, en el cual reflexioné sobre la pérdida de público que están sufriendo los espectáculos de ópera, ballet y ballet español, al mudarse del Gran Teatro a este, disfruté plenamente de un título que hacía años no veía: “Flora”. Y aunque el elenco era muy joven e inexperto, me hizo muy feliz volver a encontrarme con esta joyita de Gustavo Herrera, plena de cubanía, plasticidad, colores, y belleza. La unión entre ballet, música (de Sergio Vitier) y la plástica, es admirable y el público agradece el acercamiento a creaciones como esta, fieles exponentes de una época dorada en la coreografía cubana. La obra recrea la atmosfera presente en las “Floras” de Portocarrero e intenta ser, como los óleos, símbolo de lo femenino cubano y, en general, de lo femenino universal. Aunque el nivel interpretativo estuvo bastante parejo tengo que destacar la majestuosidad e impecable elegancia en el baile de Gabriela Lugo como la Flor Violeta. Culminó la tarde con “Impromptu Lecuona”, una recreación (sin argumento) de pasos sobre las versiones orquestales de las obras “La comparsa” y “Malagueña” del Maestro Ernesto Lecuona. Alicia Alonso creó una obra grupal nada complicada, de fácil apreciación y con una visualidad atrayente. La Sala Avellaneda, del Teatro Nacional de Cuba, acoge la programación que habitualmente correspondería al Gran Teatro de La Habana. Esta mudanza tiene puntos a favor y en contra. Se ha ganado en calidad técnica (luces, tramoya, amplio escenario) también en comodidad de la sala y mayor cantidad de lunetas. Pero se pierde en otras como la inaccesibilidad del Teatro, no hay buenas combinaciones de guaguas, y hay municipios desde los cuales es prácticamente imposible asistir, por lo que habrá que hacer un esfuerzo mayor en la promoción y programación.  Quisiera también agregar que el jueves 14 estuve por el Gran Teatro  con un amigo y al preguntarle a la taquillera nos informó que se habían agotado las entradas, de allí fuimos al Teatro Nacional y, sin cola, había entradas para los tres días e incluso en Platea. Hay que tener mucho cuidado con estos detalles para que el público no pierda la posibilidad de seguir apreciando lo mejor de nuestro arte escénico.

 

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