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Arte y Cultura en Cuba

Nueva sede y nuevas promociones para el Ballet Nacional de Cuba

Una colaboración de Rogelio Castro 

El Ballet Nacional de Cuba (BNC) se presentó por segunda ocasión en su nueva sede, la sala Avellaneda del Teatro Nacional. La sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, anteriormente sede permanente de la compañía, ha cerrado sus puertas, pues será sometida a restauración capital.

Para esta ocasión se organizaron tres funciones (de viernes a domingo), que incluían la centenaria obra “La siesta de un fauno”; el dúo de amor de amor del ballet “Espartaco”; el pas de deux “Aguas primaverales”, obra de concierto coreografiada por Asaf Messerer sobre una música de Rachmáninov; el pas de deux “Double Bounce”, del coreógrafo canadiense Peter Quantz; “Interludio en el limbo”, con música de Mozart; el pas de deux de “El cisne negro” (del III acto de “El lago de los cisnes”); el pas de deux del ballet “Le Corsaire”, en una coreografía de Alicia Alonso sobre la original, con música de Ricardo Drigo; el pas de deux “Diana y Acteón”, que recuenta una versión del mito griego; y las obras “Flora”, del coreógrafo cubano Gustavo Herrera, con música de Sergio Vitier, e “Impromptu Lecuona”, de Alicia Alonso, con música del compositor cubano referido en el nombre de la obra.

En “La siesta de un fauno”, coreografiada por el bailarín ruso Vaslav Nijinski sobre el “Prélude a l’après-midi d’un faune”, del compositor francés Claude Debussy, el lujurioso fauno cautiva en la esmerada interpretación del solista Alejandro Silva, quien está dotado de una imagen muy varonil desde la que trabaja muy finamente la caracterización de su personaje. La corifeo Mayrel Martínez lo acompañó como la ninfa.  La primera bailarina Yanela Piñera se lució con gran maestría, junto al bailarín principal Camilo Ramos, en el dúo de amor del ballet “Espartaco”, coreografía del bailarín ruso Azari Plisetski y música del compositor soviético de origen armenio Aram Jachaturián. Camilo, un bailarín que ha ido ganando méritos, se destaca en cada aparición junto a Yanela. Si bien no pudo lucirse al máximo en las cargadas, que en esta pieza demandan mucha estabilidad, se destacó por su trabajo muy limpio, al que ya nos tiene acostumbrados, y más aún cuando baila con la Piñera. No existe la función en que Yanela deje de fascinar a su público (con fieles admiradores y asiduos seguidores). Ella posee una belleza despiadada y baila con una elegancia soberbia. De una fuerza y resistencia desmedidas, con el solo propósito de brindar la más bella ejecución, se pone al servicio de una técnica severamente impecable. Sin embargo, el clímax de aquella fascinación (lejana en este texto por muy poco de lo que se pudiera decir resumido en inexpertas palabras llenas de pasión por la danza y por la sencillez) no lo encuentras sino al ver moverse por sobre el escenario una piernas que dibujan, cada vez con más precisión, la música con el movimiento, ante brazos que no dejan de trasmitir la grandeza de lo simple, y tras una sonrisa sincera. Su “Tema y variaciones” la pasada semana, su reina de las Nieves y su Hada Garapiñada (ambas de de “Cascanueces”) en enero, su pas de deux de “Don Quijote” en la Gala por el noventa aniversario de la FEU en diciembre en el Karl Marx, su Odette/Odile en el festival de ballet, por sólo mencionar sus apariciones más recientes, lo demuestran.

En la obra “Interludio en el limbo”, coreografía de Carlos I. Santos y música del compositor austriaco Wolfgang Amedeus Mozart, se nos trasmite toda la serenidad de la pieza musical, y son precisamente los bailarines, sin tener que lucir una ejecución compleja y precisa, los que logran la obra desde sus movimientos diáfanos, apoyados por un juego de luces que resalta cada momento especial dentro de la partitura.  Al primer bailarín Dani Hernández le tocó acompañar a Viengsay Valdés en “El cisne negro”. Esta primera bailarina siempre nos ofrece una fascinante caracterización de Odile. Ya estamos acostumbrados a sus precisas ejecuciones, y no nos queda más que esperar, mientras disfrutamos de su perversa interpretación, el nuevo virtuosismo. Esta vez sólo satisfizo a medias las expectativas del público, que siempre espera sus giros múltiples en las codas, y un desplazamiento extenso por todo el escenario en los saltos en arabesque. Ahora sólo impresionó con sus prolongados balances, y varias piruetas después que la coda de fouettes de Odile había comenzado. Dani es un bailarín elegante, pero que en ocasiones pierde la estabilidad, en los saltos, caídas y giros, pero que está siempre muy al tanto de hacer lucir a su compañera, con sus admirables cargadas.

 La obra de concierto “Aguas primaverales” la interpretaron la primera bailarina Sadaise Arencibia y el solista Luis Valle. Es un pas de deux muy corto, de un virtuosismo logrado esencialmente a partir del trabajo del partenaire, quien apoya a la bailarina constantemente en sus poses, saltos, giros, y cargadas. Sadaise descuidó algunas líneas, puesto que la música tiene momentos que demandan mucha rapidez y agilidad, pero no lució menos enérgica. Además, el trabajo de él fue brillante, y ambos resplandecieron llenos de vida, ante un público enardecido.

Por su parte el pas de deux del ballet “El corsario”, fue interpretado por los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández, su habitual partenaire. Anette cautivó al público desde su salida, luciendo un fino traje con adornos dorados y una tiara de picos que la hacían lucir tan bella como una deidad salida del océano. Un bello adagio en que lució sus bellas líneas, de la forma más discreta y con mucha seguridad. Sin embargo, se nota que no está atacando en el salto como ella acostumbra. Dani no puede mostrarse tan fuerte, pero va ganando en estabilidad. En la coda ambos se lucieron, sobretodo Anette, quien está atacando muchísimo en el fouette (veloz y punzante), combinando a la seconde y con giros múltiples, y cerrando con varios giros en dehors sin salir de su eje. Sin embargo, le falta mucha coordinación en los finales de las codas, sobre todo para las poses, muy adelantadas a la música. Anette Delgado volvió a escena, esta vez con José Losada, para bailar el grandioso pas de deux “Diana y Acteón”. Un adagio casi perfecto, en que Losada supo mantenerse al ritmo que demanda el apoyo constante a la bailarina. Este pas de deux es divertido, virtuoso, de una música bella, y sirvió para que ambos se lucieran todo el tiempo. Losada estuvo deslumbrante, arremetiendo todo el tiempo en los saltos del cazador, combinando diferentes poses en el aire, y con giros encentrados y lentos. Anette estuvo brillantísima, cuidando sobre todos la precisión de las líneas y con cierta estabilidad en los giros y el ataque. En la coda no se pudo esperar menos de ambos.  Sin embargo, cayendo en algunos detalles un tanto triviales, pero que suponen una culminación estética dentro de este magnífico pas de deux, considero que en esta coda, Anette (quien estuvo sumamente virtuosa), con el apoyo de Losada, no debería atacar tanto en el giro, pues la combinación de piruetas es rápida debido a la velocidad con que bate la pierna en los fouettes, y sólo se define cuando la diosa de la caza toma la flecha de su carcaj. El gesto de colocarla, tensar el arco y lanzarla se ve opacado por el rápido cambio de brazos que tiene que hacer para continuar con los fouettes.

“Flora” nos llegó con interpretaciones diferentes a las que vimos en la Gala de las Artes Plásticas durante el Festival. En la primera función Gréttel Morejón interpretó la Flora Amarilla; pudo haber aprovechado mucho más la caracterización tan rica de este personaje, pero estuvo a la altura que merecía, trabajando muy finamente sus manos y su torso. Verónica Corveas, histriónica, desenvuelta, como la Flora Naranja, muy folclórica, pero le faltó un poco de precisión en los giros. La Flora Roja fue Lissi Báez, que no ofreció una caracterización como la merece el personaje; supo aprovechar muy bien su magnífico eje para lucirse en los giros, pero su ataque no es tan fuerte. Las primeras bailarinas Sadaise Arencibia y Anette Delgado interpretaron las Floras Violeta y Azul, respectivamente. Sadaise nos ofrece una bella, y muy fina, caracterización de su Flora. Tan convincente, tan austera, tanta estabilidad en las puntas, todo el tiempo. Por otra parte, lo que hace lucir a Anette es por mucho su ejecución, porque su caracterización, desvaída como tal vez le vaya bien al personaje, no luce muy real en la faceta en que se muestra sufrida.

La última pieza del programa fue la obra “Impromptu Lecuona”. Dayesi Torriente tuvo a su cargo el rol central la primera noche. El resto de las funciones estuvo a cargo de Verónica Corveas. La interpretación de la primera no se ajusta con el estilo de la obra, pues le falta poder interpretativo y fuerza técnica. En el caso de la segunda, ya nos tiene acostumbrados a su poder interpretativo, y más para este estilo, con un aire español y lleno de sensualidad.

 A diferencia del programa de la semana anterior, este se caracterizó por la diversidad de estilos y de obras. El virtuosismo causó sensación, sobre todo en los pas de deux, aunque no fueron del todo inteligentemente trabajados. Se notaba que algunas caracterizaciones necesitaban mejor preparación y estudio, y que algunos roles que no se ajustaron a la imagen y personalidad de muchos interpretes. Esperemos que para las próximas presentaciones en la sala Avellaneda los programas tan variados como este tengan un elenco tan merecedor como variado. Igualmente agradecemos a nuestros artistas y al BNC por realizar su más sincero esfuerzo por seguir ofreciendo al público de la capital grandiosas oportunidades de estar en contacto con las obras del repertorio tradicional y de los más diversos estilos.

One Response a “Nueva sede y nuevas promociones para el Ballet Nacional de Cuba”

  1.   Mantenimiento de Piscinas Madrid Dice:

    Es excelente el Ballet Nacional de Cuba!

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